Convivir con animales siendo vegana

 

CONVIVIR CON ANIMALES SIENDO VEGANA

Es curioso como después de tantos años conviviendo con animales , de pronto, un hecho te remueve por dentro y te hace replantear hasta qué punto, por muy bien que creamos hacerlo, tenemos derecho a regir la vida de otro.

No me recuerdo siendo niña pidiendo a mis padres que me trajeran un perrito, un gato, ni siquiera he sido muy fan de los peluches, de hecho, fue mi propia madre que me regaló una tortuga de tierra, que la compró en la Ramblas de Barcelona y según me relató ella en un puesto de prensa estilo “strangis”, porque estaba prohibida su venta. Ahora desde mi actual perspectiva se me pone el vello de punta ¡Qué atrocidad!

Tortugas de tierra

Tortugas de tierra

La tortuga vivió muy poco, estaría enferma del largo viaje y en las condiciones en las que vino, fue mi primer contacto con la muerte y a partir de ese momento, tuve una retahíla de tortugas, pero esta vez de agua, imagino que mi madre se sintió estafada y prefirió no repetir tan nefasta experiencia.

Ya he dicho que no era muy amante de los animales, es más ,diría que me daban cierto pavor, durante las colonias de verano  en  una masía en Sant Feliu de Pallerolls con las monjas de mi colegio, creo que un día montamos en burro o en caballo, la verdad es que no recuerdo qué tipo de animal era, pero sí el miedo que sentí y la pena que ya entonces me daba el pobre animal soportando a tanta niña montada en su lomo.

Años más tarde disfrutando de un día campestre, vi una vaca y aquí sí confieso que casi me da un telele y ya era mayorcita o ya había acabado la carrera o estaba a puntito, fue mi madre, nieta de ganaderos que intervino para desviar la ruta del pobre animal para que su hija, urbanita por naturaleza, no muriera de un susto. Ridículo total.

Como es obvio todo cambió después de unos años con la llegada a mi vida de Zíngaro, Blondie y Coque.

 Pero con la irrupción de India en casa algo pasó en mi interior durante unos días que me asaltó la duda si lo que habíamos hecho era éticamente correcto.

Te explico, Coque es un amor de perro, pero persigue a gatos por la calle, exactamente no sé con qué intención, porque mueve el rabo como para jugar a la vez que está con cierta tensión, porque instintivamente ve cierto peligro en los felinos que acosa.

La noche que India llegó a casa, se volvió loco, quería olerla, pero de una manera muy bruta y la gatita quedó encerrada en una habitación, primero por su seguridad, segundo, porque así lo aconsejaban los entendidos para que se fuera acostumbrando a los espacios. Esa noche uno durmió con el perro en el dormitorio y el otro con la gata en el salón. Menuda nochecita, una aullando y el otro ladrando.

De pronto teníamos varios frentes abiertos, por un lado, India se tenía que acostumbrar a una casa, que es un espacio delimitado, a los seres humanos y a un perro gigante con intenciones desconocidas.

Coque e India

Coque e India

Por otro lado, Coque tenía que aceptar la presencia de India en su territorio, nada fácil para un mimado de cuatro años. Afortunadamente comenzaba mis vacaciones y lo que hice fue, siempre para garantizar la integridad física de India, protegerla en un trasportín y llevarla conmigo allá donde fuera por la casa para que se fuera acostumbrando a los sonidos, olores, en fin, a todo en general y también un ejercicio para Coque que tenía que aprender a aceptar que iba a tener una nueva compañera.

A pesar de que India estaba muy cómoda con un colchoncito suave y muy mullido no dejaba de estar encerrada con barrotes de metal y ese simple hecho me provocó una tristeza inmensa y me asaltaron unas dudas terribles que tambalearon la idea de si la adopción era lo más conveniente para un animal nacido en libertad, que de pronto, se le confinaba en un espacio compartido con seres extraños.

¿Hasta qué punto tenemos derecho sobre los animales , por mucho bien que creamos/queramos hacer?

Es cierto que, como dicen los que nos conocen, se quisieran reencarnar en nuestro perro, porque vive mejor que muchas personas, pero no dejan de estar sometidos a nuestros horarios, a lo que les demos de comer y cientos de decisiones que tomamos para ellos, sobre ellos y sin contar con ellos.

El encierro de India duró cuatro larguísimos días en la que estoy segura fue peor para mí que para ella, que dormía todo el rato , ya que por fin podía descansar sin estar en constante alerta.

¡La crisis ya ha pasado, menos mal!  Y cuando la veo caminar por la casa con esa forma tan decidida de hacerlo y que no pierde la oportunidad de colocarse encima de nosotros de lo mimosa que es, sé que donde mejor está es con nosotros y que realmente los animales humanos que gozamos de libre albedrío a veces estamos condicionados por las circunstancias sociales, laborales, personales, que sinceramente, ¿QUIÉN ES ENTERAMENTE LIBRE?

¿Cómo ves este asunto? Ciertamente peliagudo. Déjame un comentario si también  te has planteado este dilema.

Ciao

 

 

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